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Financiamiento de litigios y arbitrajes en Chile: cómo funciona

Ignacio Errázuriz · · 6 min de lectura

Tener la razón no siempre alcanza. En la práctica, buena parte de los conflictos comerciales no se resuelve por el fondo del asunto, sino por algo más básico y menos visible: quién puede sostener el conflicto el tiempo suficiente. El financiamiento de litigios y arbitrajes —litigation funding en la literatura internacional— existe para que esa variable deje de ser la que decide.

Qué es, en una frase

Un tercero ajeno al conflicto aporta el capital que cuesta llevar adelante un juicio o un arbitraje y recupera su inversión solo si hay recuperación efectiva. No es un crédito ni un seguro, y tampoco es un estudio jurídico encubierto: es capital de riesgo aplicado a un conflicto legal, con la disciplina de evaluación que eso supone.

El demandante mantiene su calidad de parte, elige a sus abogados y decide la estrategia. El financista no comparece, no redacta escritos y no da instrucciones procesales. Lo que hace es asumir el costo del tiempo.

Cuando el problema no es el caso, sino el costo

La situación se repite: una empresa mediana enfrenta un incumplimiento contractual relevante de una contraparte mucho más grande. Tiene el contrato, tiene los correos, tiene los antecedentes. El caso existe y el derecho también. El problema aparece cuando se pone el número sobre la mesa.

Litigar cuesta dinero, y arbitrar cuesta más. En Chile los honorarios del árbitro en un arbitraje administrado escalan con la cuantía demandada: lo que en cuantías medias puede ser un costo tolerable, en disputas grandes se transforma en miles de UF solo en honorarios arbitrales, antes de contar a nadie más.

El costo de los abogados suele subestimarse

Es difícil que un arbitraje serio cueste menos de cien UF en honorarios legales, incluso en casos relativamente simples. Desde ahí el rango crece rápido: en conflictos medianos los honorarios se sitúan con facilidad en cientos de UF, y en disputas grandes o técnicamente complejas no es raro ver estructuras de varios miles, según la duración del proceso, el volumen de prueba, los peritajes necesarios y el grado de especialización que exige la materia.

Dicho de forma simple: el costo legal no tiene un techo bajo, y con frecuencia es incompatible con la caja disponible de quien tiene la razón. De ahí la pregunta que define todo lo demás: cómo se paga este juicio si el dinero no está hoy.

Qué cambia cuando entra un tercero

El financiamiento por terceros nace justamente para resolver ese problema estructural y hoy es una industria consolidada en Australia, Reino Unido y Estados Unidos. El financista cubre total o parcialmente los costos del proceso —honorarios de abogados, peritajes, tasas del centro de arbitraje, honorarios del árbitro— y asume el riesgo económico del resultado.

El alineamiento de incentivos es lo que hace funcionar el modelo: solo se cobra si hay recuperación efectiva. Si el caso se pierde, o se gana pero no se recupera dinero, el demandante no paga el capital invertido. Por lo mismo, antes de comprometer capital se hace un análisis riguroso de mérito, riesgo, costos y probabilidad real de éxito.

Hay un punto que conviene dejar escrito desde el principio: el financiamiento no cubre la eventual condena en costas a favor de la contraparte, salvo pacto expreso en el contrato.

Por qué esto empieza a importar en Chile

El uso del financiamiento de litigios en Chile todavía no es masivo, pero el contexto lo va haciendo necesario: arbitrajes de cuantía relevante, disputas contractuales complejas y contrapartes con capacidades financieras muy desiguales. Para una empresa mediana, enfrentar un arbitraje contra un actor grande puede significar inmovilizar recursos críticos durante años. Con capital externo, esa carga se traslada a quien está dispuesto a asumir el riesgo a cambio de una parte del resultado.

El efecto práctico es simple: la cancha se empareja. No porque el caso mejore, sino porque deja de resolverse por resistencia financiera.

Qué no hace

El financiamiento no acelera los plazos del tribunal, no garantiza el resultado, no reemplaza al abogado y no elimina el desgaste de litigar. Lo que introduce es una variable que históricamente no estaba disponible para muchos demandantes: capital alineado con el mérito jurídico del caso.

Si quieres ver los criterios concretos con que se decide, están publicados en qué juicios y arbitrajes financiamos.

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